martes, 17 de febrero de 2009

La amistad vale más que cualquier tesoro

Aún me acuerdo de aquel juguete entrañable de mi infancia, aquel muñeco que aunque no era lo que se ve hoy en día, para mí fue el mejor regalo que me habían hecho nunca. Era de un tacto suave y tenía unos ojos muy grandes y verdes, era una muñeca de trapo. Solía llevármela a pasear conmigo allá a donde fuese. Un día paseando por la playa con Lili, que así era como yo la llamaba, mientras mirábamos las olas del mar como azotaban a las rocas que apenas ya divisaban mis ojos y envolviendo nuestros pensamiento bajo la brisa embriagadora, una niña que no tendría más años que vidas tiene un gato se acercó a mí y me dijo, ¿puedo sentarme a tu lado? Por un instante miré su rostro esperando reconocerla, pero no siendo así le ofrecí una sonrisa como contestación a su pregunta. Juntas pasamos un rato sentadas frente al mar escuchando únicamente la respiración que emanaba de nuestros cuerpos. Decidí que ya era la hora de ir a tomar el té y galletitas de la merienda, ofrecí a la niña si quería venir conmigo a casa, al decirle aquellas palabras la cara de la niña se fue iluminando como si del alba se tratase.

Caminábamos hacia mi casa por un terreno abrupto donde se escuchaban los cantos de los jilgueros y las mariposas de todas las formas y colores danzaban sobre nuestras cabezas, poco antes de llegar a mi casa Eva, que así era como se llamaba aquella niña, tomó en sus manos una flor silvestre y me la ofreció diciendo, muchas gracias por querer ser mi amiga, aquellas palabras tan cálidas y dulces me llegaron al corazón. Jugando y disfrutando de la tarde se nos fueron pasando las horas sin apenas darnos cuenta. Eran ya las ocho de la tarde y Eva tenía que regresar a su casa, mi madre, Lili y yo la acompañamos. Cuando llegamos a nuestro destino sentí que mi corazón estaba lleno de alegría, me sentía la niña más feliz del día, no sabía explicar el porqué de aquella sensación hasta que cerré mis ojos por un instante y me di cuenta que había conocido a la que sería hoy en día mi mejor amiga. Extendí mi mano y le ofrecí a mi más querido juguete, mi muñeca Lili, nuestras miradas se cruzaron y sin tener que decir nada, envolvió a Lili entre sus brazos y la abrazó. Aquella niña que un día su rostro no reconocí ahora es la chica de mis recuerdos que jamás olvidaré.

1 comentario:

  1. jejeje como siempre me parto de la risa con tus cuentos a ver cuando aces alguno mas qson mu divers y ste ademas era precioso al final cuando le regala su muñeca y to :..) (aure;))

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